Vives ahí
flor carmín,
tan cerca de un sol
y tan fácil de robar.
Eres tan frágil
que iré por ti,
te robaré,
abriré tus pétalos
y te comeré.
No le diré a nadie,
sólo robaré
una flor carmín.
Usaré tus pétalos
para escribirte mi amor,
usaré tu tallo y mi sangre
para escribir con ellos,
usaré tu belleza y ternura
para inspirarme
y al final moriremos los dos.
Sentirte fluir en
mis labios
mis manos,
en mi piel,
sentir tal seda
que plantea
tu corteza,
agrandando
cada vía de paso
y
embarrando
tus finas telas.
Sentir fluir
tus gritos,
tus vellos,
tu corazón
en tu
entrepierna,
aquella que calla,
aquella húmeda
que tiembla
aquella muda
que se hunde de gusto,
aquella, la que más
ganas de bramar
se aguanta.
Quisiera ser agricultor
y sembrar en tu piel,
sembrar todas las cosas
que me haces sentir,
devolverte al menos
granos del festín
que me das.
Quisiera
vivir y cuidar
de ti y formar
un ciclo
como agricultor.
Quisiera ser agricultor
y trabajar en tu piel,
ensuciar mis manos
lívidas, en tu piel húmeda,
ensuciarme día a día
de pies a cabeza
sin quejarme,
sin cansarme.
Y así, como agricultor,
hasta el fin de mi ser,
enterraré estas letras,
palabra a palabra,
en tu bella tierra
para esperar
el fruto maduro de tu querer.